La revista
OpticksMagazine, ha abierto una
nueva cadena de escritura para el siguiente trimestre en curso.
Esta vez la cadena la ha iniciado el escritor
Antonio Muñoz Molina, (
ocupante desde 1996 del sillón U de la Real Academia de la lengua ) y la continuarán otros quince escritores hasta que el relato se cierre tres semanas antes de la edición del nuevo número de Opticks Magazine.
Tengo el honor de haber sido seleccionada con el eslabón número 2 de la cadena y ¡¡os animo a que la continuéis enviando vuestros textos de 150 palabras máximo y 100 mínimo a la dirección :
1
INICIO POR MUÑOZ MOLINA
En
el hotel donde me dijeron que encontraría a mi hermano un
recepcionista desganado y quejoso me entregó una pequeña
maleta que le había pertenecido, sin más trámite
que mirar por encima el carnet de identidad que yo le presentaba como
prueba de nuestro parentesco. Bien pensado, el documento no hacía
ninguna falta. Mi hermano y yo no somos gemelos, ni siquiera
mellizos, y nacimos con tres años de diferencia, pero todo el
mundo dice que nos parecemos mucho, y quizás eso hace que
resalten más nuestras diferencias de carácter, las
vidas tan alejadas entre sí que hemos llevado casi desde
siempre. Mi hermano era el mayor, yo el pequeño. Mi hermano se
marchó de casa sin avisar de sus intenciones en cuanto cumplió
los dieciocho, y yo, hasta estas últimas semanas, no me había
alejado nunca de mi ciudad ni de mis padres. Así que llegar a
ese hotel en el que había trabajado y vivido y encontrar su
maleta tenía algo de reencuentro anticipado, o ilusorio.
2 Por Laura Garrido.
El
viaje en avión y la diferencia horaria al sobrevolar el
Atlántico me había dejado agotado. Mi hotel, en San
Juan de Puerto Rico, distaba unas tres calles arriba siguiendo la
Avenida Mayor donde la circulación me parecía
excesivamente desordenada y caótica. Rehusé el taxi
que me ofreció de mala gana el recepcionista y porté
la pequeña maleta andando con paso cansino. Desde que el
teléfono sonó en casa de mis padres, y nos dieron la
noticia, llevaba muchos días perdido en mi memoria sin poder
recordar la risa de mi hermano, y aquello me preocupaba. Al
desconcierto de la situación se unió mi pesar interno y
mis dificultades en un viaje que me quedaba muy grande, dada mi
escasa experiencia en aeropuertos y aduanas. Justo al cruzar la
segunda calle, recibí un empujón que me lanzó
contra un graffiti reivindicativo pintado en la pared de una entidad
bancaria.
¡Animo, seguro que alguno de vosotros puede continuar esta historia!.