IMAGEN CEDIDA POR SARA LEW
Leyenda del caballero comedor de
calendarios
Como tantas otras
veces articuló sus pesados brazos, e irguiendo su cuerpo
soplado de vidrio, se levantó de la mesa procurando no romper
ni una sóla de sus logradas filigranas con las que Anabel
esculpió, soplando, su bello porte de caballero templado.
Se colocó
el sombrero de las siete plumas, el que sólo portaba quien
herederara el título de experto comedor de calendarios.
Expectante y en silencio, el resto de la vajilla observó sus
gestos y movimientos muy calculados. Los platos lo hicieron con su
único ojo redondo y las tazas giraron sobre sí mismas
para mirarle a través de sus asas. Había llegado el
momento más esperado, el ritual que se repetía año
tras año.
A la par que el
sonido de las doce campanadas y mientras Anabel y los suyos
degustaban las uvas, en la sala, el caballero de los calendarios
deshojó los doce meses del año engulléndolos uno
a uno. Cuando terminó, se reclinó en la silla exhausto
por el esfuerzo, y la vajilla guardó silencio en memoria del
año fallecido. Oyeron las voces de ¡recojamos la mesa!,
¡sonaron los cohetes de fin de año!, y todos los
presentes supieron que su triste momento, de nuevo, había
llegado : reposarían en la alacena hasta el año que
viene y el comedor de calendarios sería guardado entre
papeles usados y paños mojados.
Dicen que es
tradición en la familia de Anabel, sentar a la mesa de la cena
de fin de año, a un caballero mágico que deguste la
celulosa cual si de rico manjar se tratara. Que es tradición de
padres a hijos aunque los más pequeños rían la
ocurrencia y más de un año hayan hecho peligrar su
frágil existencia .
La vieja leyenda
dice que sin su presencia, los años serían infinitos, y
la maldición del año nuevo reinaría por siempre
en sus vidas.
SARA LEW publica en su blog :
en el apartado INSTANTANEAS DE LA IRREALIDAD,
todas las aportaciones recibidas.
GRACIAS SARA.




